El austriaco Franz Reichelt, de profesión sastre, sube a lo más alto de la Torre Eiffel con un artefacto volador de su invención, estamos en 1911. Reichelt duda, claro, se encomienda a los Santos, como Almodovar y se lanza al VACIO. Como su nombre no ha pasado a la historia de la aviación, todos ustedes conocerán el desenlace. De Premios Darwin, Vamos.